jueves, 2 de abril de 2009

Qué lindos…

pechos, tetas, bufas, melones, peras… hay toda una jerga literaria sobre esta parte del cuerpo de las chicas, que nos vuelve locos a los hombres.

Nos encanta tocarlos. Sin duda. Pero eso no quiere decir que lo hagamos bien. Tirar del pezón, aplastarlos o babosearlos son claros ejemplos de lo que no hay que hacer. No basta con el empeño, o con pensar que mientras se los toques, le va a gustar sea como sea. No, no es cierto.

Y antes de nada, hay que dejar claros algunos temas. En primer lugar, tanto grandes como pequeñas desean ser tocadas. No importa el 80, 85 ó 90 de la etiqueta del sujetador, sino las terminaciones nerviosas que hay debajo de la piel. Con lo cual, ni toquemos poco a las que tienen poco, ni manoseemos continuamente a las que los tienen grandes, olvidándonos del resto de su cuerpo.

Otro objetivo que lograremos tocando esta endiablada parte del cuerpo, es que su libido aumente a niveles impresionantes (y también la nuestra; que sólo con ver unos pechos, o imaginarnos tocando los de Scarlett Johansson, ya nos sube la… ¿tensión?). Por no hablar de las chicas que con sólo tocárselos, son capaces de alcanzar el orgasmo (y las hay, aunque os pueda parecer mentira).

Otro aspecto importante, es que cerca del período menstrual, sus pechos suelen estar más grandes y apetitosos para nosotros, mientras que para ellas están hipersensibles. Si normalmente tenemos que andar con algo cuidado para no provocar dolor, en estos días mucho más. Recordemos que provocar dolor, corta mucho el rollo cuando uno está en plena faena.

¡Ah! Y sí, las chicas pueden tener un pecho más grande que el otro. Pero bajo ningún concepto tenemos que estar ahí recordándoselo, ni tampoco sólo dar placer a la mayor. A la otra también le gusta.

Y después de todos estos avisos, estoy contigo en la habitación, parque, césped o biblioteca; pero ¿cómo puedo empezar?

Vamos al artículo del beso, momento en el que jugábamos con nuestras manos alrededor de su cuello (todavía vestidos). Entonces mantenemos una detrás de la cabeza y con la otra, bajamos despacio hasta encontrar el pecho. Seguimos hasta colocar nuestra mano debajo de él. Lo sujetamos con la parte de la mano entre los dedos índice y pulgar.

A partir de ahí podemos hacer varios movimientos. Uno de ellos puede ser, con nuestro dedo pulgar, recorrer la zona externa del sujetador por dónde debería quedar aproximadamente el pezón. O también, cogiendo el pecho desde abajo, agarrando justo por encima de los aros del sujetador y describiendo movimientos circulares.

Conforme la cosa se calienta, puede ser que nuestras manos acaben entre el sujetador y los pechos. Entonces, debemos asegurarnos, que al sacar nuestras manos de aquél entresijo de tela y piel, no se quede pillada la teta con el sujetador, y se lo tenga que colocar ella. Quedaremos muy bien si lo hacemos nosotros.

Y cuando estamos semidesnudos, llega un momento clave: quitarle el sujetador. Los hay que con una mano se valen, mientras que otros necesitamos casi una lupa para ver el cierre. Práctica amigos, práctica.

El caso es que cuando el sujetador ya está en el suelo o colgado del picaporte de la puerta, nos plantamos ante los pechos y se nos cae la baba. Nos encantan. Y como nos encantan, toquémoslos.

Pasemos nuestros dedos alrededor del pecho, lejos aún del pezón y la areola. Dejando que los dedos se posen en la piel, pero sin apenas apretar. Despertemos su piel.

Imaginémonos que estamos los dos desnudos, de pie. Ella delante nuestra, pero de espaldas. Vamos por detrás, le mordemos la nuca. Y con una de nuestras manos le tocamos uno de sus pechos, mientras que con la otra acariciamos otra parte de su cuerpo, como puede ser el trasero, la espalda o incluso el costado que llega hasta el otro pecho.

La clave al tocar unos pechos suele ser hacer movimientos circulares, cuya intensidad se puede aumentar poco a poco a medida que la chica se va poniendo más y más cachonda. Nada de aplastarlos contra las costillas. Eso duele. Tampoco los amasemos, como si una bola de harina y agua se tratara.

Por supuesto, hemos de besarlos. No babosearlos, besarlos. Besarlos por completo, lamer el pezón (con cuidado). Incluso podemos combinar los movimientos con la mano, mientras lamemos el pezón.

Y también a algunas chicas les gusta que se los mordisqueen o chupen con fuerza, otras como a si fueran un bebé, etc… También soplar las zonas ya humedecidas puede despertar nuevas sensaciones.

Otro aspecto a resaltar en esto de los pechos es la unión entre la chica y su oído (esto debemos extrapolarlo a casi cualquier terreno sexual cuando tratamos con chicas). Es decir, si a la vez que tocamos, acariciamos o lamemos sus pezones, le vamos diciendo cuánto nos gustan sus pechos (o cómo de cachondos nos ponen, no olvidemos la parte salvaje que todos y todas llevamos dentro y que tanto nos gusta); conseguiremos hacerla sentir mucho más a gusto en el sexo, a la vez que, casi seguro, se portará mejor con nosotros también…

viernes, 20 de marzo de 2009

Succiona, lame, acaricia y besa

Cuatro palabras, cuatro posibles quehaceres con los que se puede aderezar una agradable y siempre bien recibida felación. Sí, ese es el tema de hoy, la felación.

No me ha resultado del todo sencillo (o más bien cómodo) informarme de este tema (pues nunca me había preguntado cuáles eran los pasos para proporcionar yo a alguien tan bienquisto placer).

Lo primero es deshacernos de todos esos comentarios acerca de placeres prohibidos y mal vistos. ¿Mal vistos? ¿Por quién? Porque por el que la recibe probablemente no lo sea. Y el resto de la gente no sabe a lo que os dedicáis cuándo afirmáis iros a dormir. No saben si vuestros voluptuosos cuerpos bailarán desnudos al son de alguna danza amazónica, o si simplemente os pondréis el pijama de abuelo correspondiente y ni charla de antes de dormir ni nada, a roncar del tirón.

Lo único en lo que yo haría hincapié, imagino igual que lo hacéis vosotras; aunque desde luego, cada cual se mete en su boca lo que quiere; es en que tengáis un poco de cuidado con ese miembro que se entremezcla con vuestra siempre complaciente lengua. Y hay dos tipos de cuidados: tratarlo bien y que esté sano.

Empecemos por lo segundo. Entiendo que llevamos quince copas encima, que en el bar sólo ponen “Yo soy tu gatita” y que el roce hace el cariño; pero agarrarnos de la camisa, llevarnos al baño, cerrar la puerta, bajarnos los pantalones y empezar a relamer el falo de un recién conocido, no es lo más saludable (o sí…).

Pensemos en ETS y en ITS (la I es de Infección). Las hay, mucha gente las tiene y ni tan siquiera lo saben. Llagas o pequeñas heridas en la boca pueden ser agujeros negros que nos transporten a uno de esos estados indeseables. Yo solo pretendo que tomemos conciencia, a mí me encanta el sexo (¡como a todos, no ha jodido!), pero no nos la juguemos (el día que eche valor a mi hipocondría, os prometo algún artículo sobre ETS, ITS…).

Pero en el mundo en el que vivimos hoy, hay soluciones para casi todo; y este desde luego es un problema menor. Lo podemos solucionar haciéndole la felación con un condón puesto. Pero lo mismo resulta un poco insípido chupar el condón; quiero decir, no es que una polla sepa a gloria (Atención: tenemos que salir de casa bien aseados) pero igual un preservativo sabe aún peor, ¿no? Pues para quien no le guste, puede emplear preservativos de sabores o incluso lubricantes de sabores. Al fin y al cabo en esos bolsos tan grandes que lleváis, una petaquita de lubricante no ocupa nada, ¡hombre!

Y ahora el otro de los cuidados: tratarlo bien. Esto mola más.

Si cuando bajáis sus pantalones aún no tiene el pene erecto, podéis empezar, por ejemplo, por relamer el tronco del pene. Humedecerlo con vuestra saliva, así ya tendremos un lubricante.

Y poco a poco, podéis ir avanzando en la cuestión. Tirar del prepucio (conocido también como “pellejo”) hacia atrás, para que el glande quede al descubierto y comenzar a lamer éste. Y si aún la tiene flácida, y no tenéis la virtud de garganta profunda para después, pues ahora es un buen momento para introducir su pene en vuestra boca hasta la misma base. Y es que eso suele resultar muy bien.

Si cuando tenéis el pene de vuestro chico en la boca, y estás haciendo los movimientos de vaivén correspondientes, acompañáis esos movimientos a otros iguales con vuestra mano, mucho mejor. Incluso realizar pequeños giros de muñeca a medida que vas recorriendo su pene son técnicas que funcionan muy bien.

También teniendo el pene dentro de la boca, podéis mover la lengua rodeando el glande. O sacarlo de vuestra boca y deslizar vuestra lengua por él, mientras a la vez alzáis vuestros ojos y veis nuestra cara de satisfacción a la vez que lográis ponernos más cachondos aún.

Y otra técnica a resaltar consiste en que, por un momento dejáis de chupar nuestro pene, pero mantenéis el movimiento de arriba a abajo con vuestra mano, a la vez que nos pedís un dedo. Un dedo con el fin de llevároslo a la boca cual polla se tratara. Al mismo tiempo, movéis vuestra mano, chupáis nuestro dedo, nos miráis a los ojos con la cara más picante de que dispongáis y, creedme, la próxima vez será el quién os pide que metáis su dedo en vuestra boca.

En cuanto a lo que a nosotros respecta, cada uno tiene sus preferencias. Y desde luego no está de más indicarlas conforme vaya siendo oportuno. Al fin y al cabo, ella busca darnos placer, y cuánto más nos dé, más satisfechos estaremos tanto ella como nosotros.

Y otro pequeño apunte, es que a muchos hombres nos gusta agarrar a las chicas del pelo o la cabeza y “empujar” para que entre cuánto más pene mejor. Esto además de llegar a incomodar a la chica puede provocar arcadas, no lo olvidemos. De todas formas, si vosotras chicas, queréis mantener el control de la “profundidad”, podéis poner una de vuestras manos sobre la base del pene.

Los grandes olvidados en este juego bucosexual suelen ser esas bolitas más o menos redondas que cuelgan justo debajo del robusto mástil que sus labios están besando. Los testículos. Éstos a veces pasan desapercibidos puesto que os obcecáis en el pene. Pues una manita (y nunca mejor dicho) puesta en los testículos, apoyando ambos dos sobre tu palma y jugando con el movimiento de tus dedos para tocarlos puede ser una opción.

¡Ah! Y no os preocupéis si por un momento os entra tos o perdéis el ritmo, nosotros no nos desviaremos de nuestro camino al arrebato final. En cuanto volváis a lo que estabais, nosotros volveremos también a ese universo de fruición y deleite en el que conseguís sumergirnos con tan sublime pericia.

domingo, 8 de marzo de 2009

¡Bésame!

Más fino el de arriba y más carnoso el de debajo. Ambos suaves y algo húmedos, sin asperezas. Tintados en un rojo pasión provocativo, vistoso y sugerente. Así son sus labios. Labios en los que su boca termina y labios con los que empieza el camino al éxtasis.

El primer paso que inaugura (o al menos debería ser lo más normal) una tarde, noche, mañana o los próximos quince minutos de placer en el descanso del trabajo, es el beso.

Pero hoy día nadie se preocupa de él. Compramos condones estriados, prelados, aquéllos que retrasan la eyaculación. Sujetadores que logran dejarnos sin respiración, braguitas transparentes o incluso de caramelo (sí, existen: http://www.encuentraregalo.com/2008/11/28/braguitas-de-caramelo/). ¡Basta ya! ¡Aprendamos a besar!

Antes de disponernos a hechizar a nadie con nuestros besos tenemos que cuidar algunos aspectos básicos de higiene. Y es que, por muy sabrosos que sean nuestros labios, si cuando abrimos la boca se escapa una halitosis capaz de dejar K.O. a cualquiera, desde luego no vamos por el buen camino.

También debemos evitar que se nos resequen o se nos agrieten los labios (cacao o vaselina, amigos). Cambia mucho lo que pensamos sobre esos labios brillantes y bien cuidados, sin pellejo colgando; a sobre unos labios que cualquiera diría que están en obras, completamente llenos de heridas.

Bueno y si antes de dar el primer beso, llevamos un caramelito o un chicle de sabor que salve el riesgo de mal aliento, probablemente nos sintamos más cómodos y seguros a la hora de besarle. De verdad, a nadie le gusta adivinar lo que el otro ha comido al mediodía.

Y ahora ya, entremos en materia.

Cuando vamos a besar a alguien por primera vez, no sabemos ni cómo le gusta ni cómo besa, con lo cual no es de extrañar que los primeros besos no resulten del todo exitosos. Si ves que el otro va muy lanzado, déjale la batuta. Te besará como a él le gusta. Tú mueve tus labios lo suficiente para no perder la musicalidad del momento. Deja que te lleven. Pero en el siguiente beso, demuéstrale cómo te gusta a ti.

Por regla general, gustan besos húmedos que no inundados. Con giros de cabeza no demasiado desbocados. Acompañados muchas veces de mordiscos en el labio inferior. Repito, en el labio inferior. Si no os lo creéis, morder el labio superior a vuestra pareja y colgáis aquí los comentarios de cómo reaccionó.

Los movimientos de la lengua son peligrosos. Por muy grande que sea nuestro apetito sexual en ese momento, no tenemos para nada que meter la lengua hasta la campanilla. Y esto sucede. Cuando nuestra calentura en el momento en el que estamos besando a alguien sobrepasa ciertos límites, nuestra lengua parece buscar algo en el fondo de la boca del otro. ¡Y eso no gusta en absoluto! Por supuesto que la lengua tiene que entrar en concurso, pero ¡cuidado!

Otra forma muy sugerente de utilizar la lengua es, por ejemplo, para lamer los labios del otro. Es decir, mientras besamos a nuestra pareja, nos apartarnos en mitad del beso, entonces ella se queda aún con los labios abiertos, y en ese momento, con nuestra lengua húmeda los repasamos por completo.

No limitéis el beso al exclusivo movimiento de los labios, la lengua y la cabeza. Tenéis dos manos, que usadas convenientemente, serían capaces de encolerizar la libido de un muerto. Y con esto no me refiero a que cuando besemos a nuestra pareja le toquemos el culo o las tetas, esos trucos los conoce todo el mundo. Aunque de todas formas, si estamos hablando de los primeros besos con una chica, lo mismo si le tocamos los pechos nos llevamos algún bofetón.

Como iba diciendo, juguemos con nuestras manos (bien cuidadas, por favor; nada de uñas negras ni cosas de ese estilo). Por ejemplo, antes de besarla, podemos pasar nuestras manos por una de sus mejillas, a la vez que la miramos a los ojos, bajamos la vista a los labios (con esto le decimos lo que viene ahora) y volvemos a mirarla a los ojos, para después besarla. Romántico, ¿verdad?

Yo recomiendo a la hora de jugar con nuestras manos, utilizar las yemas de los dedos o la palma. Tenemos más control sobre éstas que sobre el dorso de la mano. Además, al tocar con los dedos, tocamos sobre diferentes puntos (ya que tenemos cinco por mano) y las sensaciones están más repartidas. Tenemos que controlar la fuerza, de tal manera que cuánto más sutilmente pasemos la mano por su mejilla, mayor será la sensación que experimentará.

Nuestras uñas también deben participar. Pequeños arañazos, de los que no dejan marca pero transmiten enormes sensaciones de placer, dan muy buenos resultados. Justo debajo de la nuca, alrededor del cuello; antes, durante o después de cada beso. Todo vale con tal de que la sensación de placer que se experimenta con el beso, alcance la mayor magnitud posible.

Y después de los besos, los mordiscos y los provocativos arañazos quién sabe, lo mismo toca dormir acompañado. Espero que así sea…

viernes, 27 de febrero de 2009

Bondage

Cuando uno tiene ganas de mezclar buen sexo y erotismo, el Bondage puede ser una gran solución. Este Bondage consiste en maniatar a nuestra pareja. Existen formas sencillas y más complejas, formas más comunes y otras de los más extravagantes (si no, mirad la foto…).

Pero yo voy a contaros qué hacer con cosas sencillas, utilizando la vestimenta más corriente o pequeños utensilios que pueden llegar a ser juguetes de niños. Por ejemplo, ¿para qué sirve el fular de una chica?

Cuando llegamos a casa, probablemente lo lleve puesto alrededor del cuello. Pero en cuanto la temperatura empiece a subir, beso por aquí, mordisco por allá, el fular acabará en el suelo, debido al flagrante suceso que sobre la cama acontece. ¡Recojámoslo!

Obliguémosle a que se tumbe por completo mirando hacia el techo. Si rehúye: unas palabras al oído, unos mordiscos a la oreja, o mismamente un poco de “fuerza bruta” (que muchas veces buscan, y de hecho, suele ponerles bastante) pueden hacerla ceder.

A partir de ahí, podemos taparles los ojos con ese fular. Eso le hará sentirse más indefensa y a ti más poderoso, más dueño de la situación. Además, al tener los ojos tapados, esa sensación se acentúa, puesto que no sabe qué le vas a hacer con tus manos, tu pene o tu boca. Recuerda que esas son tus principales armas, pero no las únicas. Si tienes una pluma la cuál puedas pasar por sus pechos y abdomen, lograrás despertar a su piel y también sus pezones, si no lo están ya. Jugar con fruta, e incluso con un cubito de hielo son otras opciones.

Pero si no disponemos de más arsenal que con el que nuestra madre nos trajo al mundo, no pasa nada; disfrutaremos igual. Aprovechamos que ella (o él, por supuesto que aquí el papel de ciego o maniatado es tanto para ellos como para ellas, sólo que yo disfruto más mientras escribo, si relato que la maniatada es ELLA). Como decía, aprovechamos que ella no sabe lo que sucede más allá de ese fular, y comenzamos con nuestro juego de sensualidad. Sensualidad.

Se trata de portarse mal, de hacerse desear, de que tu pareja acabe pidiéndote que “le folles”. Y esto se hace calentándole. Pero bueno, esto seguro que lo sabemos hacer, solo que con el inri de que la otra persona no ve nada, es probable que nos lo diga antes que otras veces.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!, cómo se está poniendo la cosa ya…

Y otra noche que lleguemos a casa con nuestra pareja, o simplemente otra noche que pillemos. Cuando estemos a lo que hay que estar, en vez de taparla los ojos, la atamos, por ejemplo, al cabecero de la cama. Pero, no lo hagamos muy fuerte. Vamos a atarle, dejándole la oportunidad para que pueda escapar.

Imaginaros la escena tal y como la describo. Cabecero de la cama en el que podemos atar cada una de sus manos, una en el lado izquierdo y otra en el derecho. Los ojos ahora no están tapados, con lo cual ella nos puede ver. Y sus tobillos tampoco están atados, de manera que sus piernas se pueden mover siguiendo la armonía sexual cotidiana.

El siguiente paso después de que la cosa empiece a estar bien caliente es pasar a sexo oral. Cunnilingus. ¿Por qué esto y no pasar al coito directamente? Estadísticamente las chicas disfrutan más con el cunnilingus que con la penetración. Una de las razones ya la vimos hace no sé cuántos artículos (recordáis aquello de “en el clítoris tienen muchísimas terminaciones nerviosas, mientras que en la vagina no tienen tantas”, y también lo de “además la mayoría de las terminaciones nerviosas de la vagina están en los primeros 5 ó 6 centímetros”; ¡no! ¡Si al final os lo vais a acabar aprendiendo!). Puede no parecerlo debido a que gimen más cuando practican el coito que cuando les hacen sexo oral, pero las señales que sus nervios envían al cerebro indican que hay más placer cuando se les practica el sexo oral.

Esto no sucede exactamente de la misma manera en los hombres, pero igualmente, podéis empezar con una felación. Nos gustará.

Empezamos con el sexo oral (recordemos que no hemos atado a nuestra pareja demasiado fuerte a la cama). Como tiene las manos atadas al cabecero de la cama, no puede agarrar las sábanas como acostumbra cuando le practico el sexo oral, o agarrame la cabeza simulando con sus manos el movimiento circular que yo sigo con mi lengua o mis labios. Está desatada, necesita agarrar algo, para poder así descargar la tensión que le provocan esas primeras sensaciones de placer.

Entonces se da cuenta de que puede escapar y lo hace. Cuando te das cuenta que se ha liberado, paras el cunnilingus te quedas de rodillas sobre la cama frente a ella; quién ferviente y fervorosa te agarrará el pene y sin pregunta alguna, lo hará suyo…

Dejémonos llevar por nuestra imaginación. Lo mismo en lugar de coger nuestro pene, puede empujarnos hacia atrás y quedar ambos con la cabeza en los pies de la cama, y ella encima con afán de revelarse y demostrarnos quién es la que manda en el juego del sexo esta noche.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Espíritu de Carnaval

A pocos días para que empiece el Carnaval, tenemos que ir pensando ya en nuestro atuendo. Y si no sabéis en dónde comprar vuestro disfraz, lo mismo el jocoso individuo que aquí os presento os puede echar una mano.

Muchos os estaréis preguntando qué demonios tiene que ver el sexo con el festival carnavalesco de todos los años. Pues mi mente perversa y lujuriosa os propone aprovechar la excusa del carnaval para que llevéis a cabo una de esas fantasías sexuales que requieren una vestimenta no tan usual. Y es que ir un jueves cualquiera por la calle vestida de Catwoman, daría mucho el cante.

Aunque, al fin y al cabo, siempre se puede llevar el disfraz en una bolsa y ponérselo uno en casa. Pero imaginaros, que os tocan el timbre y abrís la puerta a Lara Croft; eso es empezar bien.

Entre las fantasías de siempre, en cuanto a disfraces me refiero, pues como una de las que más triunfa es la de pillarse al policía. No sabemos si puede ser, porque tenemos ganas de coger al cabrón que sólo hace que ponernos multas, esposarlo y enseñarle lo que es bueno; pero el caso es que vuelve loco tanto a ellos como a ellas.

Buscamos cumplir una de nuestras fantasías. Si tenemos pareja, puede ser el momento de hacerla saber cuánto nos gusta el uniforme que lleva la sirvienta del culebrón de por las tardes, o de "cuánto me gustaría que fueras bombero, cariño”.

Para documentarme un poco mejor, me he metido en algunas páginas que venden disfraces eróticos, y que parecen además que venden la ropa al peso. Porque una enfermera lleva normalmente algo más de ropa que esto ¿no? Y si no es así... mejor no digo nada.

En fin, para gustos, colores. Unos prefieren darle más realismo al asunto, y otros sin embargo, prefieren que hagan como que son enfermeras, pero le importa menos si el atuendo es más picaresco.

Y para los que no tienen pareja, pues igual deberían de rebuscar entre cuáles son las fantasías más usuales de ellos y/o ellas, que siempre puede venir bien para lograr pillar, echarle una mano a los efectos del alcohol con un buen disfraz que además, nos ponga cachondos.

Aquí os dejo un par de links por si los queréis echar un vistazo, dónde dicen algunas de las fantasías más usuales de hombres y mujeres. Pero ya os adelanto, que no enseñan nada que una mente lasciva y viciosa no se pueda inventar.

http://www.mujeresaburridas.com/amantes/quieres-sorprender-a-tu-pareja

http://seressexuales.com/disfraces-que-excitan-a-los-hombres/

Y por último, aquí al lado os dejo una pregunta para ver cuál creéis puede ser el disfraz más pillador de estos carnavales.

lunes, 9 de febrero de 2009

M, L ó XL

Hoy toca un artículo más ilustrativo que el resto de los que hasta ahora he publicado. Os prometo para hoy, un poco más chicha.

¿Sabéis qué es el lingam y qué es el yoni? Pues son el pene y la vulva respectivamente, nombrados en sánscrito, uno de tantos idiomas oficiales de la India.

Digo esto, porque ese Kama Sutra querido, que tenemos en la mesita de noche, al fondo del armario o incluso en un cajón de doble fondo a fín de que nuestros padres no nos lo pillen; ese Kama Sutra, divide en tres tamaños tanto al lingam como al yoni.

A partir de esos tamaños, identifica tres tipos de uniones:
- Unió Alta --> Cuando el tamaño del pene es mayor que la vagina.
- Unión Equilibrada --> Hombre liebre y mujer cierva, etc.
- Unión Baja --> Cuando el tamaño del pene es menor que la vagina.

Y claro, como lo que se busca es alcanzar el máximo placer con nuestra pareja, nos toque lo que nos toque; pues el Kama Sutra nos propone algunas soluciones.

La unión equilibrada no merece mucha atención porque en sí no supone problema alguno de compatibilidad sexual (por llamarlo de alguna manera). Por su parte, las otras dos, sí.

En cuanto a la unión alta, desde el punto de vista de la psicología del hombre, no resulta tan problemática, puesto que él la tiene grande, con lo cual ninguna se le va a quejar. Pero realmente esa problemática existe.

Lo primero que hay que hacer, antes de iniciar la penetración, es lograr excitarla mucho y esperar hasta que esté bien lubricada, ya que entonces la parte superior de la vagina se le ensancha, y así será más cómodo introducirle nuestro pene.

Por supuesto son válidos cualquier tipo de lubricantes (solubles en agua). ¡Ah! Y si ella dice, “más despacio”, “no tan profundo” “¡para!”. Nosotros: “¡A su órdenes, mi Capitán!” El más mínimo dolor puede acabar con lo que podría haber sido una noche de sexo de lo más placentero; y ya se sabe, que “cuando uno no folla, o folla mal, está más de mala leche”.

Entonces, nuestro Kama Sutra nos propone algunas posturas en las que la penetración no es tan profunda, y además, en muchas de ellas, es ella quién lleva la batuta, para que así sea más complicado provocarle dolor.

Y la unión baja, la encuentro, quizás por ser hombre, más problemática. El hombre tiene un pene pequeño y la mujer una vagina grande o ¡muy grande!

El primer problema que puede aparecer aquí es el propio complejo que tenga el hombre por su pequeño yo. Yo tengo un dato a resaltar, y es que las chicas, del total de terminaciones nerviosas que tienen en la vagina, la mayoría de ellas las tienen en los 5 ó 6 primeros centímetros, con lo cual, ese complejo podría desaparecer.

Si a este problema, le sumamos la posibilidad de que tanto el hombre como la mujer tengan la sensación de que el pene baila dentro de la vagina, esto torna el sexo más difícil y menos atractivo. ¡Pero no nos rindamos! ¡Solucionémoslo!

Por ejemplo, si ella fuera capaz de mover sus músculos del amor (los músculos pubococcígeos femeninos), conseguiría atrapar al pene en cada embestida, de tal manera que las sensaciones de ambos se intensificarían notablemente. Por otro lado, también, a la vez que la penetramos, podemos introducir uno o dos dedos, para aumentar la sensación de penetración en la mujer (pero no sé yo cómo de cómodo resulta esto para los hombres, ¡eh!).

Una vez más el Kama Sutra nos salva. Nos propone diferentes posturas, en algunas de las cuales nuestro pene toca la zona de la vagina en la que se encuentra el punto G, estimulándolo (postura del elefante).


POSTURA DE INDRANI

POSTURA COMPRESORA

POSTURA DEL ELEFANTE

POSTURA DE LA VACA

Y ahora, tanto seáis unión baja, alta, equilibrada o lo que sea; poneros a practicar cualquiera de estas posturas, que al fin y al cabo es sexo, y eso es lo que nos gusta.

domingo, 1 de febrero de 2009

Uno, dos, tres... ¡Se acabó!

Noche de verano que apunta ser memorable. Llego a casa bien acompañado. Cierro la puerta. Rodeo con mis brazos su cuello y la beso desaforadamente. Luego con una de mis manos bajo el escotado top que lleva puesto, le toco las tetas. Nos es pequeño mi disfrute en este momento, cuando de repente, ¡aaahhh! Me fui…

En esto es en lo que consiste concretamente la eyaculación precoz. Es decir, en eyacular antes de que tenga lugar la penetración o justo en el momento en que nos vamos a poner a ello. Uno no tiene control sobre su propia eyaculación, se va, se va y no hay manera de impedirlo.

Si nuestro problema más que ese es que simplemente no duramos mucho, podemos arreglárnoslas con algunos trucos (y también alguna técnica).

Influyen mucho esa presión imaginaria (o no tan imaginaria) que los hombres nos ponemos para quedar bien, satisfacerla en toda regla y que hablen de los cuarenta minutos que uno es capaz de estar dale que te pego.

Otros motivos que se consideran pesos pesados en esto de irse antes de tiempo, son esos preliminares que han sido algo más que preliminares, además del tiempo que lleve uno en la nevera.

Pero volviendo a lo de los trucos, las técnicas y todo aquello. Entre las más míticas está la de contar de cero a un millón, la de pensar en el panadero de ciento y pico de kilos, etc. ¡Pero eso es un rollo! El sexo está hecho para ser disfrutado por los dos miembros (o más) que en él intervienen.

Por un lado tenemos los ejercicios de Kegel, que consisten en contraer sucesivas veces los músculos pubococcígeos. Pero de este tema ya hablaré en otro momento, con el fin de llegar más al fondo de la cuestión.

Para mientras tanto, tenemos la técnica de “parada y arranque” de Semans. Consiste en que cuando nos masturbamos y sentimos que estamos a dos sacudidas de la eyaculación, dejamos de masturbarnos agarrando nuestro pene de tal forma que el dedo pulgar presione el frenillo. Cuando dejemos de percibir esa inminencia eyaculatoria continuaremos masturbándonos. Así, varias veces hasta que finalmente permitamos (o sea ya inevitable) la eyaculación.

Por supuesto, esta técnica se puede emplear durante el coito, pero si lo hacemos, debemos de tener cuidado con no dejar de estimular a nuestra pareja (tocamos su clítoris, introducimos uno o dos dedos en su vagina, recurrimos al sexo oral, etc.). Pero, por favor, ¡que no se le baje el calentón!

Si algunos de los que lean esto sobre la técnica de Semans o los ejercicios de Kegel, quiere practicarlos con el fin de durar más, tiene que saber que no vale con hacerlo un par de veces al mes. Se lo debe tomar mucho más en serio, como si fueran unos deberes, vamos.

De todas formas, yo encuentro importante no obsesionarse, al fin y al cabo si te vas, aún puedes seguir un rato con aquello en condiciones para conseguir que tu pareja llegue al orgasmo, o incluso alcanzar tú el segundo climax.

Y chicas, los preliminares son importantes, sí, pero si pretendéis que duremos, que no pasen de preliminares… por favor…